19 octubre 2010

DE BALSAS Y CATÁSTROFES

Demencial es lo que ha ocurrido en Hungría con una presa de residuos de aluminio, altamente tóxicos (sólamente el contenido en cadmio, radiactivo, ya era para espantarse).
Como si se tratase de un Chernobyl o de una presa de Aznalcóllar, el avance tóxico ha dejado a su paso desolación y muerte, y unos terrenos que quedarán condenados a la improductividad durante décadas (en la imagen pueblos enteros cubiertos del lodo tóxico rojo).

Estas catástrofes provocadas por roturas de presas son altamente dañinas para el medio ambiente, irreversibles en muchos casos, y suceden con poca frecuencia si tenemos en cuenta la enorme cantidad de presas de residuos mineros o químicos que existen en el mundo.

En nuestro país, de histórica actividad minera, existen muchas presas y balsas con aguas de alto contenido en metales pesados, que no tienen garantizada su seguridad.
Sin ir mas lejos, en Huelva ciudad existen unas balsas de fosfoyesos que casi duplican la superficie de la propia ciudad y que se ubican a escasos metros de sus primeros barrios.

Los fosfoyesos son unos residuos líquidos, que luego se convierten en sólidos (yeso), y que se generan al fabricar ácido fosfórico.
No pueden ser vertidos al mar porque acabarían tiñéndolo y matando su fauna, por lo que, con el visto bueno de los gobiernos, se crean unas balsas sobre terrenos cedidos a la empresa, donde se vierten durante años a cielo abierto, a pesar de sus altos índices naturales de uranio y torio, que son radiactivos.

En Huelva las balsas de fosfoyesos de Fertiberia han generado una enorme polémica durante décadas, tanto por la cercanía a núcleos urbanos como por su contenido en radiactividad y la posible relación con los altos índices de cáncer y tiroides en el área metropolitana.
Estudios independientes han demostrado que los niveles de radiación de estas balsas a cielo abierto superan en 22 veces los máximos permitidos y que se deberían paralizar y trasladar las miles de toneladas existentes a un cementerio nuclear.
Tanto la Junta de Andalucía a través de su nefasta Consejería de Medio Ambiente (arrodillada históricamente ante la industria) como la propia Fertiberia se han negado rotunda y contínuamente.

No sólo se niegan sino que las balsas, desde hace años, han superado los límites que les marcaron, tanto en extensión como en altura, constituyendo en algunos casos pirámides de hasta 25 metros que han tapado las vistas que se tenían de la ría del Tinto desde Huelva.
La solución absolutamente inepta que plantea la Junta es 'taparlos' con una capa de arena y olvidarnos de que están ahí.

En España existen, como mínimo, 909 balsas de residuos mineros e industriales, un 13% de ellas en Andalucía, y mas de la mitad están abandonadas sin ningún tipo de revisión o garantías sobre su seguridad.
Podríamos tener 909 catástrofes como la de Hungría.
No es un tema para tomarse a la ligera.
El Ministerio de Industria debería hacer un control más exhaustivo de estos depósitos para que dejen de ser una amenaza latente.

(mapa del volumen de residuos industriales por provincias, donde Huelva no sólo es la primera, sino que casi triplica el volumen de su seguidora, Burgos)

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